La Salada

La Salada o el crisol de comunidades

La feria de La Salada en el conurbano bonaerense es el escenario elegido por Juan Martín Hsu para mostrarnos como las diferentes comunidades de inmigrantes en la Argentina se relacionan, como sobreviven en una sociedad, la mayoría de las veces, hostil hacia ellos.

En este juego de relaciones, tres familias de tres comunidades diferentes, interactuan entre sí y, a su manera, buscan integrarse a la sociedad donde eligieron vivir.

El sr. Kim (Chang Sun Kim) coreano y dueño de una pequeña empresa textil, viudo y conservador, pretende educar a su hija Yunjin (Yunseon Kim) con sus mismos valores tradicionales.

Huang (Ignacio Huang) es un inmigrante taiwanes que piratea DVD´s y busca integrarse a fuerza de la soledad.

Bruno (Limbert Ticona) llega junto a su tío desde Bolivia en busca de una oportunidad que en su país le es negada.

Tanto los vínculos familiares como las relaciones con los otros, están marcadas por la distancia, física o emocional. Esta distancia guía el comportamiento de los personajes.

El tipo de vida y la manera que tienen de relacionarse con la sociedad donde habitan, se ve de manifiesto en los espacios de esparcimiento que eligen para pasar los buenos y los malos momentos. Juan Martín Hsu nos muestra al Sr.Kim y a Bruno como más conservadores de sus costumbres, como si buscaran en esos lugares un pedacito de su tierra dejada. En cambio Huang es más abierto forzado por la soledad.

“Coreano coreano” dice Yunjin respecto de su padre, diferenciándose de él. Ella quiere ser “coreana argentina”.

El film muestra un entramado complejo de relaciones sociales que comienza a visibilizarse en una larga cadena de favores, donde una vez que se entra, difícilmente se podrá salir de ella. El empresario coreano se muestra paternalista con su empleado boliviano, al que trata como al hijo varón que no tiene, el “puntero” boliviano encargado de manejar la villa se comporta de la misma manera administrando las ofertas laborales que tiene en su haber y ofreciéndolas a sus conciudadanos.

Cuando alguno de estos personajes se sale del comportamiento endogámico de su grupo de pertenencia, entra en crisis, pero superada ésta, todo sigue como antes. Cuando todo vuelve a su lugar, todo vuelve a comenzar.

“La película tiene que ver con esa búsqueda heterogénea y plural de personajes y colectividades, algunas muy disímiles entre sí, con una idea muy sencilla que tiene que ver con el encuentro y el sincretismo de culturas en fervor de una idea conciliadora con ‘el otro’.”, expresa Juan Martín Hsu.

El mundo se hace muy adverso para los trabajadores y trabajadoras, y más aún lo es para los inmigrantes que muchas veces ocupan los puestos más pauperizados como sucede en las empresas textiles que terminan sumiendo a los trabajadores en las peores condiciones de explotación. La explotación no tienen que ver con nacionalidades, sino que es una cuestión de clase.

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